Historia

Huesca, un legado milenario reflejado en sus calles y monumentos

Huesca conserva un valioso patrimonio histórico que recorre más de dos mil años de historia y se refleja en cada rincón de su casco antiguo, sus monumentos y sus tradiciones.

Su origen se remonta a la época ibérica con Bolskan, asentamiento situado en lo que hoy es el casco antiguo. De aquella época proviene la célebre moneda con la figura de un jinete, hoy presente en el escudo de la ciudad. Durante la dominación romana, la ciudad pasó a llamarse Osca y fue elegida por Quinto Sertorio como sede de su senado de trescientos miembros. Gracias a ello, Osca recibió el estatus de ciudad y albergó una academia que sería considerada el germen de la futura Universidad Sertoriana, considerada por algunos autores como la primera universidad de España.

En época medieval, tras la conquista cristiana en el año 1096, un relato legendario habla de la supuesta intervención de San Jorge en la victoria del rey Pedro I de Aragón en la batalla de Alcoraz. La ciudad pasó a convertirse en corte real, y fue precisamente en el edificio que hoy alberga el Museo de Huesca donde se sitúa la leyenda de la Campana de Huesca, protagonizada por Ramiro II, el Monje. Esta historia puede revivirse gracias a las visitas guiadas al Ayuntamiento de Huesca, donde se conserva el famoso cuadro de la Campana, uno de los grandes símbolos del imaginario oscense.

Entre los monumentos más destacados de la ciudad sobresalen la Iglesia y Claustro románico de San Pedro el Viejo, lugar de enterramiento de los reyes Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monje, y la Catedral de Huesca, construida en estilo gótico sobre la antigua mezquita mayor. Esta última alberga, además, una de las capillas promovidas por la influyente familia Lastanosa, cuya huella también está presente en la capilla barroca de Santo Domingo. Su legado artístico forma parte fundamental del rico patrimonio religioso de la ciudad.

La ciudad también fue escenario de leyendas vinculadas al mundo fronterizo. Una de las más conocidas es la del caballero Roldán, sobrino de Carlomagno, quien según la tradición luchó contra los musulmanes en los alrededores de Huesca. Su leyenda está unida al espectacular paraje natural del Salto de Roldán, formado por dos imponentes peñas que, según el mito, habría cruzado a caballo en un salto imposible mientras huía de sus perseguidores.

La historia de Huesca no se comprende sin caminar por sus calles y descubrir su pasado paso a paso. Desde los restos de muralla musulmana hasta sus plazas medievales, pasando por sus iglesias, museos y edificios civiles, el casco antiguo conserva la esencia de una ciudad que fue cruce de culturas, sede de poder y lugar de leyenda.

El esplendor del Renacimiento y el Barroco en Huesca

El Renacimiento dejó su huella en la ciudad con edificios emblemáticos como la Casa Consistorial, así como en el magnífico retablo de la Catedral, una obra maestra en alabastro del escultor Damián Forment.

El Barroco español también se manifiesta en importantes muestras de arte sacro, como la Basílica de San Lorenzo, dedicada al patrón de la ciudad, y las iglesias de Santo Domingo y San Vicente. Del siglo XVII destaca el legado de la familia Lastanosa, mecenas del célebre escritor Baltasar Gracián.

Huesca en los siglos XIX y XX: modernidad y transformación

En el siglo XIX, Huesca se consolidó como capital de la provincia y se abrió al progreso con la llegada del ferrocarril en 1864. Esta infraestructura fue clave para su desarrollo y alcanzó dimensión internacional en 1928 con la construcción del túnel de Canfranc, que conectaba con Francia a través del Pirineo.

El siglo XX marcó una profunda transformación urbanística en la ciudad. Se definió el trazado actual con la configuración de los Cosos, los Porches de Galicia y la urbanización de espacios emblemáticos como las calles del Parque Miguel Servet o la avenida Ramón y Cajal.

Durante este periodo, Huesca incorporó más de una treintena de edificaciones racionalistas, muchas de ellas residenciales, que hoy se conservan como símbolo del crecimiento urbano y del estilo arquitectónico que marcó buena parte del siglo. A este conjunto se suman construcciones singulares como la pintura mural de Saura, ejemplo del arte integrado en la arquitectura.

Ya en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, destacan dos equipamientos clave: el Palacio de los Deportes, proyectado por Enric Miralles, y el CDAN (Centro de Arte y Naturaleza), diseñado por Rafael Moneo, que reflejan el compromiso de la ciudad con la cultura contemporánea y el deporte, integrando arquitectura de vanguardia en su tejido urbano.