Huesca, historia y fe

Una ciudad que conserva el alma de un antiguo reino

Pasear por Huesca es recorrer siglos de legado real, espiritual y cultural. Entre sus imprescindibles, está la Iglesia y Claustro de San Pedro el Viejo, uno de los templos románicos más antiguos de Aragón y panteón real, donde reposan los reyes Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monje. Este espacio, cargado de simbolismo, forma parte, sin duda, del alma medieval de la ciudad.

San Lorenzo, Patrón de Huesca

Si hay un personaje histórico querido en Huesca es San Lorenzo, patrón de la ciudad y cuyas fiestas mayores del 9 al 15 de agosto se celebran cada año en su honor.

La tradición, documentada en diferentes fuentes aunque no exenta de cierta controversia, sitúa su nacimiento a finales del año 225 d.C. en Loreto, en las proximidades de Huesca, siendo hijo de San Orencio y Santa Paciencia.

Su vida fue todo un ejemplo de fe, generosidad y esfuerzo que ha llegado hasta nuestros días, convirtiéndolo en una de las figuras más veneradas de la cristiandad.

Fue nombrado archidiácono, encargado de administrar los bienes de la iglesia y el cuidado de los pobres, en Roma por el papa Sixto II, donde murió durante la persecución ordenada por el emperador Valeriano el diez de agosto del año 258 d.C., martirizado en una parrilla, siendo este precisamente el objeto con el que habitualmente se le representa y que también se ha convertido en todo un símbolo de Huesca y de sus fiestas laurentinas.

Sus restos se encuentran enterrados en la Basílica de San Lorenzo Extramuros de Roma.

La leyenda del Santo Grial

Cuenta la leyenda, que entre los tesoros de la Iglesia que le fueron confiados a san Lorenzo se encontraba el mítico Santo Grial, el cáliz con el que Jesucristo habría celebrado la Última Cena.

Sixto II se lo entregó antes de su muerte y este a su vez lo envió a Huesca.

Posteriormente con la invasión musulmana de la península tuvo que ser trasladado y escondido en varios monasterios del Pirineo aragonés, hasta que en el año 1399 d.C. el rey Martín I el Humano lo reclame y traslade a la Aljafería de Zaragoza.

Finalmente, el rey Alfonso el Magnánimo lo entregó a la Catedral de Valencia en 1437 d.C. en donde actualmente todavía se puede contemplar.

No obstante, tenemos que indicar que hay dudas sobre su autenticidad.

Devoción laurentina en Huesca

La devoción y las tradiciones sobre san Lorenzo han tenido desde un principio dos centros principales: la preciosa Basílica de San Lorenzo, en la propia ciudad de Huesca, y la iglesia de San Lorenzo de Loreto, a pocos kilómetros al oeste del casco urbano.

Los testimonios más antiguos de la tradición laurentina oscense corresponden al siglo XIII, en donde ya existían iglesias y cofradías bajo la advocación del santo, tanto en Loreto como en Huesca.

La primera mención de Huesca como lugar de nacimiento de san Lorenzo es también del siglo XIII, aparece además en un autor de la importancia de Gonzalo de Berceo, en su obra El martirio de San Lorenzo.

También hay que destacar la representación, tanto de San Lorenzo como de San Vicente (el otro patrón de Huesca) a ambos lados de la portada gótica de la Catedral.

Otro Santo que cuenta con mucha devoción en la ciudad de Huesca es el Santo Cristo de los Milagros.

El Santo Cristo de los Milagros

La imagen del Santo Cristo de los Milagros cuenta con más de cinco siglos de historia.

El origen de su popularidad se remonta al 12 de septiembre de 1497.

Durante una procesión, celebrada para alejar la peste de la ciudad, la talla comenzó a sudar milagrosamente.

Poco después remitió la epidemia que diezmaba la población.

Su culto se convirtió en una de las tradiciones oscenses más arraigadas.

Testimonio histórico

El cronista Francisco Diego de Aínsa dejó constancia del suceso con estas palabras:

“En la necesidad urgente, que había en el año 1497, de una harto general pestilencia, la cual en muchas partes del Reino y fuera de él cundía, muriendo muchos de este contagiosos mal, yendo un martes a 12 de septiembre en la procesión que antes de la Salve se suele hacer y llevado como es costumbre delante del Clero un Crucifijo. Lo llevaba Juan Cavero, hijo de Pedro Cavero, escudero de Osca; le cayeron en la mano al niño dos o tres gotas de agua y mirando de adonde cayeron vieron como sudaba el Crucifijo y Miguel Asensio, Vicario general, lo limpió con el sobrepelliz. Vieron como le caían gotas por el brazo abajo y como tenía los sobacos sudados. Violo Asensio, Jaime Daso y Jaime de Bielsa y otros muchos. Lo pusieron delante del Altar mayor, hizo muchas maravillas en los que se encomendaban. Luego cesó la mortalera.”

Descripción de la imagen

La imagen se compone de tres partes diferenciadas: la figura del Crucificado, policromada, realizada en madera de nogal; la cruz, elaborada con madera de peral, y una peana de madera de pino, que simboliza al monte Calvario.

Los dos primeros elementos son medievales y la peana se remonta al siglo XVII.

La talla del Cristo recoge una expresión dramática, habitual entre los imagineros góticos.

La capilla del Santo Cristo

El Santo Cristo de los Milagros se venera en la capilla del mismo nombre, situada en la cabecera de la catedral, en el ábside del extremo norte.

El obispo Juan Moriz de Salazar, en 1616, decidió reformar la capilla y encomendó las obras al maestro de obras Pedro de Ruesta.

Dada la importancia creciente del Santo Cristo de los Milagros, la capilla recibió un planteamiento especial: la idea de crear una iglesia interior, en la catedral, con su propia portada, nave y presbiterio.

Arquitectura y decoración

La capilla se compone de dos tramos diferenciados.

En el primero destaca la cúpula, decorada con atlantes que, de un modo simbólico, sostienen sobre sus espaldas el peso del conjunto.

El segundo corresponde al presbiterio y se cubre con una bóveda de lunetos, caracterizada por la decoración con yeserías mudéjares.

Mención aparte merece el retablo de madera, con el camarín, destinado a acoger la imagen del Cristo.

Las pinturas del retablo representan la Pasión de Cristo, la Oración en el Huerto, el Prendimiento, la Flagelación y la Coronación de espinas.

Tradición y culto

La novena del Santo Cristo se celebra el periodo de nueve días comprendidos desde el día 4 hasta el 12 de septiembre.

Supone un tiempo de oración y devoción que precede a la celebración.

La figura del Santo Cristo se adorna con una variada colección de 38 mantos, donados por los fieles, por la Cofradía, fundada en 1894, y por la Catedral.

El color de los mantos se corresponde con el tiempo litúrgico.

El más antiguo data del año 1793 y es de terciopelo morado, con lentejuelas que forman un dibujo de rombos.

Santuario de Nuestra Señora de Salas

En las afueras, cerca del Palacio de congresos, encontramos el Santuario de Nuestra Señora de Salas, lugar de recogimiento y serenidad.

Fue reedificado sobre el año 1200 por iniciativa de la reina doña Sancha, viuda de Alfonso II de Aragón y tuvo su esplendor en las Cántigas de Alfonso X el Sabio.

Hoy forma parte del camino de Santiago en Aragón.