La Leyenda del Salto del Roldán

Paisaje mítico a las puertas de Huesca

A escasos kilómetros de Huesca, en el sector noroccidental del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, se alzan dos imponentes moles rocosas separadas por un abismo: la Peña San Miguel y la Peña Amán, conocidas popularmente como el Salto de Roldán. Este enclave natural, cargado de leyenda y con vistas sobrecogedoras, marca el límite simbólico entre el llano y las sierras pirenaicas.

La leyenda cuenta que el caballero Roldán, sobrino de Carlomagno, se retiraba hacia Francia tras fracasar en la conquista de Saraqusta. Acorralado por sus perseguidores en la Peña de Amán, espoleó a su caballo y realizó un salto prodigioso sobre el vacío hasta la Peña de San Miguel, dejando —según la tradición— la marca de sus cascos grabada en la roca. Se dice que el esfuerzo fue tal que el caballo murió en el acto y que Roldán, tras continuar a pie, pereció poco después en Ordesa. Antes de morir, lanzó con fuerza su espada Durendal, abriendo la mítica Brecha de Roldán, desde donde pudo ver por última vez su tierra natal.

El Salto de Roldán está formado por dos mallos verticales de roca conglomerada, moldeados por la erosión del río Flumen a lo largo de millones de años. Es un entorno ideal para el avistamiento de aves rapaces, como el buitre leonado, que habita en sus oquedades. Además de su valor geológico y paisajístico, este lugar se ha convertido en una de las excursiones más simbólicas y espectaculares del entorno de Huesca, con rutas accesibles y vestigios como una ermita románica, un castillo medieval y un antiguo aljibe en la cima de la Peña de San Miguel.